Segunda parte: SAVITRÍ CONOCE A SATIAVÁN

Savitrí recorrió numerosos caminos, visitando palacios, ciudades y pueblos en busca del joven que anhelaba encontrar. Sin embargo, a pesar de conocer a mucha gente, no lograba encontrarlo.

Hasta que un día, debido al intenso calor, Savitrí decidió apartarse del camino principal y adentrarse en un bosque. Allí, el frescor y la agradable sombra de los árboles la recibieron mientras el sol se filtraba entre las hojas. A Savitrí le gustaba la sensación de pisar las hojas caídas. En un instante, al pisar una rama que se quebró con un ruido estruendoso, un joven se acercó atraído por el sonido.

El joven se presentó como Satiaván y compartió su historia. Resulta que el padre de Satiaván solía ser el rey del reino de Yalua, pero sus enemigos lo habían desterrado. Ahora, el padre de Satiaván era anciano y ciego, viviendo con su hijo en una modesta cabaña en el bosque, donde cultivaban verduras y recolectaban frutos silvestres. Ambos eran pobres. Savitrí acompañó a Satiaván hasta la humilde cabaña en el bosque y conoció al padre anciano y ciego, quien resultó ser amable y encantador.

Savitrí decidió quedarse un tiempo para ayudarles. Durante su estancia, Savitrí y Satiaván se enamoraron profundamente y solicitaron permiso para casarse.

El rey y la reina, padres de Savitrí, consideraron extraño que su hija, la princesa, quisiera casarse con Satiaván, un joven pobre. Sin embargo, al ser Satiaván hijo de un rey, finalmente dieron su consentimiento.

En una ocasión, mientras todos estaban reunidos en el palacio de Savitrí, un adivino entró. Todos lo reconocieron de inmediato.

El adivino anunció: "Yama, el dios de la muerte, vendrá a buscar a Satiaván dentro de un año. Desafortunadamente, solo le queda un año de vida". Esta noticia sumió a todos en tristeza, pero Savitrí declaró: "No me importa. Amo a Satiaván y me casaré con él".

Los jóvenes contrajeron matrimonio y se fueron a vivir a la cabaña del bosque junto al anciano ciego, padre de Satiaván. Savitrí trabajaba arduamente, ocupándose de las tareas domésticas, lavando, limpiando, cocinando y ayudando en la huerta.

Por las noches, Savitrí contaba cuentos e historias encantadoras a su esposo y a su suegro. Aunque temía el día en que Yama, el dios de la muerte, viniera a buscar a Satiaván, Savitrí cumplía con sus deberes sin titubear.

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